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Iconos Sacros Iconografía artesanal

Cómo se lee un icono: siete señales que cambian lo que estás mirando

Nada en una tabla bizantina es decorativo. La mano, el color del manto, las letras del nimbo y hasta el fondo dorado están diciendo algo concreto, y una vez que se sabe leer ya no se puede dejar de verlo.

Un icono no se contempla igual que un cuadro. Un cuadro propone y un icono declara. Todo lo que hay dentro de la tabla está regulado, se repite desde hace siglos y significa algo preciso. Estas son siete señales que aparecen una y otra vez, y con ellas se puede entrar en casi cualquier pieza.

1. La mano que bendice no saluda

Cuando Cristo levanta la derecha no está saludando. Los dedos están colocados de una manera concreta: el índice recto, el corazón ligeramente curvado, el pulgar cruzado sobre el anular. Esa posición dibuja cuatro letras griegas, IC XC, que son la abreviatura de su nombre. La mano dice el nombre. No es un gesto, es una firma.

2. El libro cerrado y el libro abierto

Si sostiene un libro cerrado, la escena es de juicio y el juicio todavía no se ha pronunciado. Si el libro está abierto, hay un texto escrito dentro que se puede leer, y ese texto es lo que la pieza quiere decirte. Son dos iconos distintos aunque la figura sea idéntica.

3. Los colores del manto no son estéticos

En la Virgen, el manto exterior suele ser rojo o granate y la túnica interior azul. El rojo es lo divino y el azul lo humano. Lo divino la cubre por fuera. En Cristo el orden se invierte: túnica roja y manto azul, porque en él lo humano cubre lo divino. Cuando dos figuras aparecen juntas, ese cruce de colores está contando la relación entre ellas.

4. El fondo de oro no es un fondo

En la pintura occidental el fondo sitúa la escena en un sitio y a una hora. El oro del icono hace lo contrario: elimina el sitio y elimina la hora. Por eso no hay sombras proyectadas, no hay punto de fuga y la luz no viene de ninguna parte concreta. La escena no ocurre en ningún lugar porque, según lo que el icono afirma, ocurre siempre.

5. Las letras siempre están

ΜΡ ΘΥ junto a la Virgen significa Madre de Dios. ΙС ΧС junto a Cristo es su nombre. Ο ΩΝ, repartido en los tres brazos visibles del nimbo, es El que es, el nombre que Dios se da a sí mismo en el libro del Éxodo. Y encima de cualquier santo va su nombre escrito. Sin nombre no hay icono: una tabla sin inscripción es una pintura religiosa, otra cosa.

6. La perspectiva está del revés

Las líneas de un trono o de una mesa dentro de un icono se abren hacia el fondo en lugar de cerrarse. No es torpeza. En un cuadro el punto de fuga está dentro del cuadro y el espectador mira desde fuera. Aquí el punto de fuga está donde estás tú. Es la imagen la que te mira.

7. Los ojos y la boca

Los ojos son grandes y la boca pequeña. Se repite en piezas separadas por mil años y por tres mil kilómetros. La convención es antigua y su lectura es sencilla: más para mirar y escuchar que para hablar.

Cómo usarlo

La próxima vez que tengas una tabla delante, empieza por las letras, sigue por las manos y termina por los colores. En dos minutos sabrás quién es, qué está diciendo y qué tradición lo pintó. Y en el momento en que eso pasa, elegir una pieza deja de ser una cuestión de gusto y pasa a ser una cuestión de significado.